- Con este primer Domingo de Adviento da comienzo el Ciclo B de un nuevo Año Litúrgico que, aunque tiene la misma duración que el Año Civil, sin embargo, se diferencian, esencialmente, el uno del otro:
- Tanto por su inicio y finalización: el Año civil comienza el 1 de Enero y terminar el 31 Diciembre; y el Año Litúrgico comienza con el primer Domingo de Adviento (finales de Noviembre), y concluye, en ese mismo mes, con la Festividad de Cristo Rey.
- Como, por su contenido: el Año Civil se limita a medir el tiempo según el sistema solar, en 365 días, 12 meses y 4 estaciones; mientras que el Año litúrgico, aprovecha ese proceso del año solar, para presentarnos y ayudarnos a revivir la historia de nuestra salvación. La Iglesia, a través de los distintos “Tiempos” del Año Litúrgico, trata de facilitar a los fieles cristianos, una personal vivencia de esa salvación conquistada por Jesucristo.
- El Adviento = advenimiento, en principio, nos evoca aquel tiempo de espera que precedió a la venida del Hijo de Dios en su Encarnación. Pero la Iglesia nos lo propone ascéticamente para que, cada uno de nosotros, nos preparemos a esa otra venida personal del Señor a nuestras vidas.
- Aunque el Evangelio, es verdad, nos habla de dos venidas del Señor:
- La venida, ya acontecida, de Jesús, en su Nacimiento en Belén.
- Y su 2ª venida gloriosa, al final de los tiempos.
La Iglesia, al prepararnos para su venida, no se refiere a estas venidas.
- No tendría mucho sentido que la Iglesia quisiera prepararnos para la 1ª venida, ya acaecida. Ni tampoco, para su última venida, al final de los tiempos, que no es previsible que vayamos a conocerla. Sin embargo, sí que está previsto un cierto e inexorable encuentro de cada uno de nosotros con el Señor: el del final de nuestra vida terrena. Y, ¡para ese encuentro, para esa venida del Señor, sí que hemos de prepararnos!, como nos amonesta Jesús hoy:
“Estad preparados porque no sabéis cuando vendrá el dueño de la casa”.!
- El Adviento, preparación para celebrar la Navidad, la 1ª venida del Señor, le sirve de “pretexto” a la Iglesia para recordarnos que nuestra vida es, como un continuo “adviento” o espera del Señor. Y que, hemos de estar siempre en guardia y no olvidar esa vigilancia, que Jesús nos recomienda, a fin de que, nuestro definitivo encuentro con El, se realice con las máximas garantías.
A esto es a lo que, en definitiva, nos exhorta hoy Jesús: “¡Vigilad, no os dejéis seducir por los efímeros valores de este mundo!¡Que os sepáis "viatores", peregrinos, que no tenéis aquí vuestra casa definitiva!”
P.Arenas
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